|
CARTA
DE UN PERRO A SU AMO
Lunes, 06 de junio de 2011 a las 13:08
Y una mañana de junio, llegamos con mi mamá al PARAISO, que lugarrrrrrrr
, eso si que estaba bueno, había flores, árboles, sol, perros, gatos,
gente que nos recibía con mucha alegría, que más podíamos pedir!!!!
Por fin habíamos llegado al lugar indicado, mucho departamento, mucho
Paseo de las esculturas, mucho Parque de mayo, muchas vacaciones, pero
esto era lo que yo quería, un lugar que tuviera todo para jugar. Saludé
a todos los que me vinieron a recibir, algunos me ladraron, no todos
perros quieren ser amigos, así que yo seguí jugando, oliendo todas esas
flores que eran todas para mí, rozando esos árboles que me acariciaban
el lomo. Mi mamá, como siempre me miraba, y tenía esa correa que tanto
detestaba entre sus manos, y que yo entre juegos y aprovechando un momento
de distracción, me sacaba y me hacía el distraído… pero la bruja se
daba cuenta y otra vezzzzzzzzzz atado, pero yo me las ingeniaba para
llevarla a la rastra, porque a mí me gustaba la naturaleza, jugar, pasear,
tomarme todo el aire. Nuestra vida era muy divertida, cada uno tenía
sus roles, por ejemplo, yo sabía que ella era vaga para despertarse,
entonces me ocupaba de despertarla por las mañanas y allí nos quedamos
abrazados como agradeciendo un día más de estar juntos, luego desayunábamos
yo esos granitos de gallina ricos pero aburridos, mi agua, la leche
me la habían sacado, no se que habré hecho mal, y ella el suyo. Yo sabía
que tenía que quedarme solito porque se iba a trabajar, así que sin
molestar me retiraba a descansar y esperarla. Cuando ella llegaba, yo
la estaba esperando, era una fiesta de abrazos, de mimos, de caricias,
porque yo sabía que me seguía mi paseo, y allá íbamos… nos esperaba
Chicho, un amigo del barrio que me cuidaba como mi papá, y si por ahí
encontraba otro que andaba vagabundeando, lo invitaba a que nos acompañe,
todo bicho de cuatro patas era mi amigo. De mi barrio conocía cada árbol,
cada flor, cada olor, pero lo más divertido era cuando mi mamá me subía
al auto, me ponía ese espantoso cinturón de seguridad como si fuera
un ser humano que tuviera que cumplir con las leyes de transito, que
pesada mi mamá, me hinchaba un poco, pero sabía que lo hacía para que
yo vaya seguro, pero para mí eso era paseo, el parque me esperaba, ahhh
que gran paseo, yo me desesperaba con tanto verde y nuevos amigos, algunos
no me daban bolilla, la gente se paraba a saludarme, yo les hacía un
mimo ellos también eran amigos, me hacían posar y escuchaba un clic,
que se yo cosas de humanos, yo por las dudas ponía mi mejor cara. Cuando
volvíamos, me esperaba la merienda y me rajaba para la cama a descansar,
después venía mi mamá y me llenaba de mimos, como me gustaba que me
diera besos, me decía que me amaba mil veces al día, como si yo no los
supiera, a veces la acompañaba a hacer otras cosas, ella me llevaba
así estábamos juntos y yo no me quedaba solo. En casa odiaba esa maldita
computadora y yo me le tiraba encima, no la dejaba escribir, llegué
hasta ponerme arriba de una pantalla donde la gente se movía, y no hubo
caso, me ganó, pero no tanto, porque un día trajo algo chiquitito y
negro, la puso en la cama y yo chusmee a ver que pasaba, escuchaba música
y gente que se movía, ¿era lo mismo? nooo, ahora me había invadido la
cama? Entonces me dije, lo bueno, es que voy a poder estar más cerquita
de mi mamá y la voy a poder molestar más así la apaga pronto y me da
bolilla a mí, jeje. Mejor que yo no la conocía nadie a mi mami, llevamos
7 años de feliz convivencia. Cuando llegaba la noche venía el gran premio,
además de los granitos de gallina, me daban una carne tiernita y rica,
mi pechuga de pollooooooooooo, la podía oler a kilómetros, que riccccccccccaaaaaaaaaaaa,
pero antes de dormir tenía que hacer pis y en invierno el balcón estaba
frío, mi mami me ponía un pulovercito, yo salía rapidito y volvía contento
y ella me llenaba de mimos, mi esfuerzo tenía su premio. Ella me llevaba
a dormir y abrazaditos nos sorprendía el sueño. Nuestros veranos eran
joda, joda, joda, arena, sol, playa, sombrilla, otros perros… que lugares
hermosos me llevaba mi mamá, eran una vacaciones hermosas me gustaba
jugar con la arena, hacer milanesa, sacarle la sombrilla a mi mama,
le tenía miedito al agua, pero cuando hacia calor, el agüita venía rebién,
y a upa las olas nos mojaban, yo me hacia el gil, porque a upa, me encantaba
estar hecho una bolita con mi mamá. Volviendo al paraíso al que me llevó,
me dije, éste es mi lugar, yo quiero quedarme acá, pero no se lo podía
decir a mi mamá porque se moría de tristeza, igual mientras pudiera
lo disfrutaría, era tan grande mi emoción que yo quería ver que había
más allá, seguiría siendo todo tan lindo?… y empecé a caminar y caminar,
corría… por ahí me choque con algo que no me dejaba pasar, y dije "TE
HAGO UN POZO" me encantaba hacer pozos, y así pasé para el otro lado,
que si bien era lindo no lo era tanto, así que había que seguir buscando,
mi mamá había desaparecido de mi vista, pero yo sabía volver, la curiosidad
pudo más igual ella me vendría a buscar, y de pronto, otra vez esos
hilos que no me dejaban pasar, pero esta vez había un hueco por donde
me podía meter, y allá fui decidido! , un dolor intenso me paralizó,
logré pasar si, pero, caminé unos pasos y el dolor era más fuerte, mi
pulóver se había mojado, me quedé quietito y no sentí más nada. De pronto
veo todo desde arriba, mi mamá lloraba desconsoladamente, ¿me porté
mal? ¿Qué hice? Yo sólo quería jugar, mami me tiraba aire por la boca,
me masajeaba el pecho y me pedía que no la deje, me parece que me había
mandado una flor de macana.... Al rato vinieron mis amigos, los mismos
que nos habían recibido cuando llegamos y me envolvieron en una sábana,
me pusieron debajo de una árbol hermoso, escuche que se llamaba PARAISO,
vino mi mamá y me dijo un montón de cosas lindas, ella lloraba mucho,
todos lloraban, yo los veía, pero no podía hacer nada, ni tampoco decirles
que yo estaba rebién. Llegó la mañana y el solcito daba sobre el lugar
donde me habían dejado, mi mamá me fue a ver, me dijo que fui muy importante
en su vida, que me había amado y me seguirá amando toda la vida, que
había sido un gran perro, un gran compañero. Yo la miraba desde arriba
con todo el amor del mundo, me había dado cuenta que esta travesura
me había salido mal, mi mamá y yo no estaríamos más juntos, yo me quedaba
en el paraíso y ella volvía sin mí. Me llamé "NONO" fui un schnauzer
negro, decían que muy lindo, traté de ser un buen perro, un buen compañero,
educado, comprensivo, le di a mi mamá todo el amor que pude y me sentí
amado, tuve una vida relinda a su lado. Ahora tengo otra tarea, cuidarla
desde el cielo de los perritos. Estoy un poco triste porque no estamos
juntos, pero la voy a amar toda la vida, a su lado fui un perrito muy
feliz y me dejó en el mejor lugar del mundo, hasta siempre mami, nos
volveremos a ver algún día. TE AMO NONO.
Miriam
Battelli
|